El itinerario de las nuevas tecnologías de la comunicación se entrelaza estrechamentecon los cambios de la sociedad, la evolución de las tecnologías y las transformación delos lenguajes y las narrativas.

Las modificaciones sociales y culturales que se viven intensamente hoy interactúan con los rumbos de la información; por una parte, porque las nuevas formas de la comunicación representan el sentido de estos cambios, pero por otra, la expansión de las comunicación ha incidido de manera notable en los relieves de nuestras sociedades.

En otras palabras: las nuevas tecnologías se parecen asombrosamente a la sociedad en las que se producen, circulan y son apropiadas.

Hace años, la teoría comunicativa dejó a un lado la explicación de la comunicación como un simple proceso de paso de información, en circuitos cerrados y con objetivos persuasivos, para pensarla como un denso y complejo proceso de producción, intercambios y recepción de significados, que se produce en los contextos –ambiguos y ricos- de las culturas.

Habría que preguntarse sobre la incidencia de las tecnologías de la comunicación en la expresión de la diversidad cultural o en su restricción, en la promoción de experiencias de interculturalidad (entendida como lo propone Arturo Escobar como relaciones entre culturas en contextos de poder) o, por el contrario, en la afirmación de fundamentalismos e identidades cerradas; en el diálogo entre generaciones o en el distanciamiento de las percepciones e intereses entre ellas.

La discusión, por ejemplo, sobre el primer punto es cada día más intensa y decisiva.

Mientras que algunos insisten en que los productos de las industrias culturales deben circular libremente dentro de mercados globales, otros llaman la atención sobre estos mismos productos (películas, videojuegos, música, libros, etc) resaltando su carácter simbólico, su significación social y su dinámica cultural.

La comunicación también está profundamente ligada a los cambios de las tecnologías.

Muy pronto la información se asoció a la tecnología de vanguardia y en pocas décadas la humanidad asistió a un desarrollo acelerado de las formas de comunicación. En menos de un siglo los medios de comunicación evolucionaron hacia los procedimientos electrónicos, renovando el territorio de la información que había sido colonizado durante siglos por la escritura y la iconografía fija. Las imágenes en movimiento, la transmisión de sonidos, el envío de señales de un lugar a otro hicieron posible el avance del cine, la radio y la televisión. Muy pronto estos medios se vieron desafiados por la creación de redes informáticas y la inserción de los computadores en los circuitos de la información. Internet es apenas, uno de los primeros pasos que se han dado en un territorio inmenso y novedoso.

Las tecnologías que suelen comenzar como realidades con infraestructuras pesadas y grandes costos, muy pronto varían hacia tecnologías expandidas, con posibilidades de acceso y costos que disminuyen a medida que se avanza en la sofisticación tecnológica.

Sin embargo, como lo observaremos más adelante, las desigualdades económicas y sociales que atraviesan a muchos países y enormes sectores sociales en Latinoamérica, también han llegado al campo de la información, produciendo profundas brechas entre quienes están informados y aquellos que están excluidos de los conocimientos y la información. Inforicos e Infopobres son los nuevos nombres de la exclusión y la discriminación.

Los cambios en las tecnologías de la información han dado lugar también a la creación y desarrollo de manifestaciones culturales, de verdaderos campos de la cultura contemporánea. Es posible entonces hablar desde hace décadas de una cultura de la imagen (especialmente por el avance del cine , la televisión y el vídeo), así como ya se está hablando de una nueva cultura digital que además se caracteriza por una gran convergencia de medios. Los medios de comunicación son instrumentos de imaginación de lo real, de fabulación sobre el mundo.

La afirmación más fuerte de la modernidad era que somos lo que hacemos; nuestra vivencia más intensa es que ya no es así, sino que somos cada vez más ajenos a las conductas que nos hacen representar los aparatos económicos, políticos y culturales que organizan nuestra experiencia. Algunos se arrojan al flujo de las informaciones y los productos de la sociedad de masas; otros procuran reconstruir una comunidad que proteja su identidad, filtrando las incitaciones provenientes de la producción, el consumo o la comunicación masiva. Pero la inmensa mayoría pertenece y quiere pertenecer a una u otro universo”.

La pertenencia a los dos territorios ha dado lugar a espacios culturales hechos de simbolizaciones, prácticas, ceremonias, asignaciones de sentido. Las culturas mediáticas y digitales están conformadas por textos, artefactos, flujos, que generan un mundo simbólico propio, que expresan sensibilidades o que proponen nuevas estéticas.

Nada tan volátil simbólicamente como las culturas mediáticas y las características del nuevo lenguaje digital que se conectan muy activamente con los jóvenes y los niños que ven en ellos cercanías, convergencias, imaginarios comunes que los interpretan y los interpelan generacionalmente. Y conectan especialmente con sus proyectos de futuro. De ahí porque hoy se cuestionan aquellas relaciones entre comunicación y educación en que la segunda hace funcional a la primera, o esas comprensiones que desvalorizan la riqueza, el potencial valórico y las posibilidades de encuentro que entretejen estos nuevos territorios culturales abierto por los medios.