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La Coctelera

Navegaciones virtuales, contextos reales

La interactividad no es solamente una característica del lenguaje digital que participa en las relaciones que se establecen entre los usuarios y los textos. Es también un gesto social, una acción que se ubica en determinados contextos sociales, económicos y culturales.

Las nuevas tecnologías de la comunicación han ampliado el acceso a una información inmensa y variada. Pero muchos habitantes del planeta tienen poca o ninguna posibilidad de acceder a ellas.

Los usuarios de internet suelen vivir en zonas urbanas, tienen niveles altos o medios de educación, ganan más dinero, son especialmente hombres. Este perfil empieza a dejar por fuera a los habitantes del campo o de zonas pobres de nuestras ciudades, a quienes tienen poca o ninguna educación, a las mujeres y en general a los pobres.

En el informe “Globalización y desarrollo” de la CEPAL (2002) se afirma que los países latinoamericanos y caribeños avanzan gradualmente hacia la era digital. Ese avance se analiza desde cuatro puntos de vista. El primero es el de la infraestructura y concierne a líneas telefónicas, redes inalámbricas de telecomunicaciones, computadores, etc. El segundo corresponde a la industria de aplicaciones de programas necesarios para operar en el mundo digital. El tercero es el de los intermediarios, que permite la intervención de los agentes y el encuentro de éstos en el plano virtual y el cuarto es el de las transacciones en red, el gobierno en línea, el comercio electrónico, etc.

“Considerando el grupo de países líderes en materia de adelanto tecnológico como base de comparación, se constata que los 17 países de América Latina y el Caribe acortaron esta brecha, reducción que se manifiesta más claramente en los índices relativos a los promedios (de 1.6 a 4.4) que en el índice basado en las medianas del número de anfitriones del internet por cada 10.000 habitantes. Importa destacar, sin embargo, que la brecha digital respecto de los países líderes no sólo se amplió para el conjunto de la región sino que se acortó para los países de conectividad media y alta, y prácticamente se mantuvo en el grupo de siete países latinoamericanos de menor nivel de conectividad “.

El Informe es aún más preciso en este tema cuando afirma que “ otra fuente de preocupación es la enorme “brecha digital interna”, tanto social como productiva, que en muchos aspectos es más amenazante en la región que la brecha internacional. En efecto, aunque los costos del servicio han tendido a bajar, siguen impidiendo el acceso a gran parte de la población de América Latina y el Caribe”.

Las razones son varias según el propio Informe: la baja conectividad telefónica en los estratos de menores ingresos, la estructura de costos del servicio, los costos elevados de los equipos de computación o los niveles educativos de los usuarios.

De esa manera a las antiguas exclusiones sociales se agregan otras nuevas. Una de ellas es el inexistente acceso al conocimiento y la información y la baja utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación. Los pobres latinoamericanos son consumidores de televisión y de radio pero aún no de internet. Sin embargo es muy importante observar que las mezclas que se dan en tantos temas en nuestro continente, también se pueden encontrar en el tema de lo digital. En amplios sectores de los países se combinan lo premoderno con lo moderno, la oralidad con lo audiovisual, el analfabetismo con el contacto con algunas tecnologías informacionales.

Estos desequilibrios y asimetrías que habitan en el campo digital, los plantea muy bien el escritor mexicano Carlos Monsivaís: “Y qué hacen los habitantes de los ranchos en la versión de la pobreza rural de México y de pobreza urbana en Venezuela o en Colombia?

Hoy, cuando estas se concretan, el derrumbe de las economías amenaza con destruir o destruye en efecto, mucho de lo avanzado. Los procedimientos de la televisión le devuelven a la sociedad el carácter homogéneo que tan penosamente se había desembarazado, las promesas de la globalización se estrechan y se concentran monopólicamente, lo que excluye crece en forma geométrica, mientras lo que incluye lucha por sobrevivir. El rancho aumenta y el internet se aísla, otro aspecto más de la geografía del privilegio”.

La inclusión de los desposeídos pasa entonces por su acceso equitativo a la creación y la recepción de los bienes y servicios culturales, entre ellos, el acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación. De esa manera la interactividad dejará de ser la forma de relación de unos pocos para llegar a ser realmente encuentro, disfrute del conocimiento, memoria crítica, posibilidad de desarrollar la propia identidad.

Perfil de la Interactividad

Actualización

La interactividad es la actualización, en múltiples versiones, de los significados de un texto. Esta actualización la hace el lector o el cibernauta a partir de su propia historia, sus marcos cognitivos, sus determinantes culturales.

Construcción y reconstrucción.

La interacción es un ejercicio de construcción a partir de la selección y organización del material que hace el navegante, quien reconstruye una trama de sentido (un texto cultural) estableciendo relaciones con otros textos, sonidos, imágenes. Construir es jerarquizar, dar relevancia a determinados elementos, asociar.

Integrar a la memoria.

La interactividad es una práctica de la memoria. Ya sea de corto plazo, ya sea de largo plazo. Como señala el chileno Norbert Lechner en su libro “Las sombras del mañana”, “ la memoria es una forma de distinguir y vincular el pasado en relación al presente y al futuro.

No se refiere tanto a la cronología de hechos que han quedado fijos en el pasado como a su significado para el presente. La memoria es un acto del presente, pues el pasado no es algo dado de una vez para siempre. Aún mas : sólo en parte es algo dado. La otra parte es ficción, imaginación, racionalización. Por eso la verdad de la memoria no radica tanto en la exactitud de los hechos como en el relato y la interpretación de ellos”.

Un aspecto central de la discusión sobre las nuevas tecnologías es su articulación con la memoria. Porque parecería que la instantaneidad o la fragmentación en vez de consolidar la memoria la disuelve.

La facilidad para olvidar y el precio barato de la comunicación son dos aspectos de la misma condición. Cuando la comunicación es barata, como en nuestros días, hay mayor entrada de información desbordante, opresiva, que en lugar de nutrir la memoria la inunda y la ahoga. Nuestra capacidad de retención se ve superada por semejante cantidad de informaciones. Entonces debemos poder seleccionar y olvidar. En otros términos —y con esto no estamos hablando a favor o en contra de lo que sucede, sino sólo describiéndolo— hoy cultura es la habilidad para cambiar de tema y posición muy rápidamente. Ante una nueva oportunidad, olvide lo que aprendió ayer y comience de nuevo. No recuerde, olvide.

Creación e interpretación.

La interactividad supone una tarea activa que involucra al sujeto en la labor creativa; pero sobre todo, interactuar significa poner en movimiento códigos y sistemas de interpretación.

Navegación en lo reticular.

El hipertexto digital es una colección de informaciones multimodales dispuestas en una red de navegación intuitiva y rápida. No es el navegador el que sigue las instrucciones de lectura y se desplaza físicamente en el hipertexto, sino un texto móvil, caleidoscópico, el que presenta sus facetas, gira, se pliega y se despliega a voluntad del lector. Los lectores al interactuar, modifican los vínculos y los nodos, además de conectar un documento con otro.

Fluidez y liquidez.

El texto digitalizado es fluido, reconfigurable a voluntad y circula en el seno de redes locales o mundiales. Como lo señala Qué aún, el lugar virtual es evanescente, plural, híbrido, ubicuo, nómade y borroso.

La interactividad como relación

No fue la electrónica la que inventó la interactividad, sin duda una de las características fundamentales de los nuevos lenguajes digitales. Las primeras imágenes visuales ya crearon una imaginación simbólica que involucraba activamente tanto a los autores como a los receptores. El espectador desde entonces es también a su manera autor. Ni siquiera en las cavernas se puede sostener la pasividad de las audiencias o de los lectores.

Un texto no vive sólo en sí mismo sino en su relación con los lectores y las audiencias.

En “Lector in fabula” U. Eco recordó que todo texto es perezoso, que vive de la cooperación, de la actividad de sus lectores. Por eso invita a que no se lea solamente sobre la superficie del texto sino en sus vacíos, en sus blancos, en lo que el texto promete, oculta o sugiere.

Esta manera de comprender los textos tiene una larga y profunda tradición en la hermenéutica bíblica, en el carácter representativo y expresivo que han tenido las imágenes dentro de la tradición cristiana y en el sentido del símbolo. Toda la teoría moderna del símbolo, ha entrado a saco en la teología.

Desde la teoría de la recepción entendemos que existen relaciones complejas con los textos, que hay una actividad interpretativa que se pone en juego cuando se ve un

programa de televisión o una película, que los lectores o las audiencias aportan sus

propios sistemas culturales de comprensión o sus propios mapas cognitivos en la tarea de desciframiento, que la interpretación de los textos participa del horizonte de significación que circula dentro de las sociedades en un momento determinado.

En la lectura existe una actualización del texto, es decir, una entidad virtual (el libro ) se actualiza en múltiples versiones, traducciones, copias El lector construye, como dice Lévy, encima de sus páginas lisas un paisaje semántico, móvil y accidentado. El transcurrir de la lectura no es un ejercicio técnico sino un trabajo de comprensión semántica, de atribución de sentidos. Pero ya en la lectura del texto escrito existe un desplazamiento que es aún más arriesgado en los materiales audiovisuales y digitales: se pasa del recorrido lineal a la exploración de una trama textual. Por eso, según el investigador francés, leer un texto es “reencontrar los gestos textiles que le han dado su nombre”. El texto se relaciona con una inmensa reserva fluctuante: con las experiencias, otros textos, los afectos, las imágenes. “Arrugamos el texto... Lo replegamos sobre sí mismo.

El texto escrito permite –a diferencia de la oralidad- el archivo, el documento y el retorno, en otra ocasión, del texto recordado. Pero además la escritura desincroniza y deslocaliza. Hace surgir un dispositivo de comunicación en que los mensajes se separan en el tiempo y en el espacio de su fuente de emisión y en consecuencia se reciben fuera de contexto.

La escritura dota de permanencia a la palabra, al texto. Permite su reproducción, el acceso por fuera de los ámbitos familiares y su interpretación desde otros horizontes diferentes a aquellos que le dieron vida.

El texto se puede entonces fugar del lugar de su producción para encontrar otros receptores y posiblemente también otras sugerencias interpretativas, además de las que comporta por su propia estructura.

La digitalización es la potenciación del texto. En primer lugar, existen textos potenciales que los usuarios realizan en la interacción. Un hipertexto es una matriz de textos potenciales de los cuales solo algunos se realizarán como resultado de la interactividad con un usuario. El navegante (alguien diferente al lector o al receptor de cine o de TV) tiene ante sí un universo de posibilidades, generalmente a partir de un dispositivo computarizado. Será él quien decida la orientación de su viaje por el ciberespacio, las conexiones que realice, los saltos que disponga. El hipertexto es una provocación para construir nuevamente el texto, a veces a partir de determinadas partes de un mosaico inmenso.

En segundo lugar, el navegante interactúa con una gran cantidad de textos. El lector en pantalla sería de principio más activo.

En tercer lugar, al interactuar el lector rescribe y edita. La pantalla informática es una nueva máquina de leer, el lugar donde una nueva reserva de información posible se realiza a través de la selección, aquí y ahora de un lector particular.

En cuarto lugar, interactuar es navegar por vastas redes digitales. El soporte digital facilita nuevos tipos de lectura y escritura colectivas. “Un continuun variado se extiende entre la lectura individual de un texto preciso y la navegación por vastas redes digitales, en el seno de las cuales una multitud de personas anota, aumenta y conecta los textos entre sí mediante enlaces hipertextuales”. Interactuar significa, entonces, conectar los textos, construir vínculos, llevar a cabo enlaces hipertextuales.

Las tecnologías son mediadoras de la percepción del mundo, no sólo en el nivel empírico (datos, archivos) sino en un plano trascendental, en cuanto condiciones de posibilidad de nuestro conocimiento. Conocer hoy es posible a través de las nuevas tecnologías de la comunicación, un conocer diferente, que sigue otros caminos, otros procedimientos de constitución. Pero también las nuevas tecnologías de la comunicación inauguran otras formas de expresión, es decir, otros modos de comunicarnos.

El ciberespacio –donde se produce la interactividad que estamos describiendo- es un espacio dinámico de subjetividad colectivo, no controlado por ninguna institución central.

Lugar donde los centros se multiplican y que no puede obedecer a la figura centralizada del panóptico. Es un sistema de sistemas y también un sistema de caos. Paisaje fluido, turbulento, fractal y que expresa la diversidad de lo humano.

Este carácter no centralizado del ciberespacio es muy importante para describir lo que se puede hacer en él (por ejemplo, por parte de la iglesia) y lo que pueden hacer en él sus usuarios. Es una oportunidad de establecer relaciones, de construir vínculos, de afirmar identidades, pero también de contrastar, de permitir las interrogaciones que provienen de otras experiencias, saberes y culturas, de conectar la experiencia religiosa con otras vivencias humanas.

Lo virtual cambia nuestra relación con lo real. No es simplemente lo contrario a lo real.

Virtualidad es potencial. Dentro de lo virtual, el lugar es ahora más abstracto. Ya no es sólo lugar sino también vínculo.

Un concepto central del ciberespacio y por tanto de la interactividad dentro de él es el de red. Las redes, vuelve a insistir Lévy, fortalecen la indeterminación. Como él señala, la universalidad del ciberespacio es indeterminada y tiende a la indeterminación puesto que cada nuevo nodo de esa red de redes en expansión constante puede convertirse en productor o emisor de informaciones nuevas, imprevisibles y reorganizar por cuenta propia una parte de la conectividad real.

Entrar en lo digital no debe entonces confundirse con tener páginas web o armar bancos de datos. La idea de una red que se expande, hecha de múltiples nodos, fractura la linealidad de la escritura que también puede ser arborescente ( el lector puede establecer sus propias conexiones ). Redes de información, redes de solidaridad, redes de conversación, redes de compra, redes de movilización; una variedad social de lo reticular que tiene propiedades como la relativa persistencia, la rapidez para hacerse y deshacerse.

Esta condición del ciberespacio y del hipertexto genera un cierto tipo de posibilidades de interactividad. Navegar significa entonces construir, deconstruir, establecer relaciones, desplegar el camino, conectar mundos o niveles, saltar.”Desplazarse por un hipertexto requiere máquinas y cartas de navegación. Su lectura privilegia la velocidad y la habilidad para derivar de una superficie a otra”. Se siguen nexos de asociación, de jerarquía, de secuencia, de tema o de capricho.

La cultura de la Interactividad


El itinerario de las nuevas tecnologías de la comunicación se entrelaza estrechamentecon los cambios de la sociedad, la evolución de las tecnologías y las transformación delos lenguajes y las narrativas.

Las modificaciones sociales y culturales que se viven intensamente hoy interactúan con los rumbos de la información; por una parte, porque las nuevas formas de la comunicación representan el sentido de estos cambios, pero por otra, la expansión de las comunicación ha incidido de manera notable en los relieves de nuestras sociedades.

En otras palabras: las nuevas tecnologías se parecen asombrosamente a la sociedad en las que se producen, circulan y son apropiadas.

Hace años, la teoría comunicativa dejó a un lado la explicación de la comunicación como un simple proceso de paso de información, en circuitos cerrados y con objetivos persuasivos, para pensarla como un denso y complejo proceso de producción, intercambios y recepción de significados, que se produce en los contextos –ambiguos y ricos- de las culturas.

Habría que preguntarse sobre la incidencia de las tecnologías de la comunicación en la expresión de la diversidad cultural o en su restricción, en la promoción de experiencias de interculturalidad (entendida como lo propone Arturo Escobar como relaciones entre culturas en contextos de poder) o, por el contrario, en la afirmación de fundamentalismos e identidades cerradas; en el diálogo entre generaciones o en el distanciamiento de las percepciones e intereses entre ellas.

La discusión, por ejemplo, sobre el primer punto es cada día más intensa y decisiva.

Mientras que algunos insisten en que los productos de las industrias culturales deben circular libremente dentro de mercados globales, otros llaman la atención sobre estos mismos productos (películas, videojuegos, música, libros, etc) resaltando su carácter simbólico, su significación social y su dinámica cultural.

La comunicación también está profundamente ligada a los cambios de las tecnologías.

Muy pronto la información se asoció a la tecnología de vanguardia y en pocas décadas la humanidad asistió a un desarrollo acelerado de las formas de comunicación. En menos de un siglo los medios de comunicación evolucionaron hacia los procedimientos electrónicos, renovando el territorio de la información que había sido colonizado durante siglos por la escritura y la iconografía fija. Las imágenes en movimiento, la transmisión de sonidos, el envío de señales de un lugar a otro hicieron posible el avance del cine, la radio y la televisión. Muy pronto estos medios se vieron desafiados por la creación de redes informáticas y la inserción de los computadores en los circuitos de la información. Internet es apenas, uno de los primeros pasos que se han dado en un territorio inmenso y novedoso.

Las tecnologías que suelen comenzar como realidades con infraestructuras pesadas y grandes costos, muy pronto varían hacia tecnologías expandidas, con posibilidades de acceso y costos que disminuyen a medida que se avanza en la sofisticación tecnológica.

Sin embargo, como lo observaremos más adelante, las desigualdades económicas y sociales que atraviesan a muchos países y enormes sectores sociales en Latinoamérica, también han llegado al campo de la información, produciendo profundas brechas entre quienes están informados y aquellos que están excluidos de los conocimientos y la información. Inforicos e Infopobres son los nuevos nombres de la exclusión y la discriminación.

Los cambios en las tecnologías de la información han dado lugar también a la creación y desarrollo de manifestaciones culturales, de verdaderos campos de la cultura contemporánea. Es posible entonces hablar desde hace décadas de una cultura de la imagen (especialmente por el avance del cine , la televisión y el vídeo), así como ya se está hablando de una nueva cultura digital que además se caracteriza por una gran convergencia de medios. Los medios de comunicación son instrumentos de imaginación de lo real, de fabulación sobre el mundo.

La afirmación más fuerte de la modernidad era que somos lo que hacemos; nuestra vivencia más intensa es que ya no es así, sino que somos cada vez más ajenos a las conductas que nos hacen representar los aparatos económicos, políticos y culturales que organizan nuestra experiencia. Algunos se arrojan al flujo de las informaciones y los productos de la sociedad de masas; otros procuran reconstruir una comunidad que proteja su identidad, filtrando las incitaciones provenientes de la producción, el consumo o la comunicación masiva. Pero la inmensa mayoría pertenece y quiere pertenecer a una u otro universo”.

La pertenencia a los dos territorios ha dado lugar a espacios culturales hechos de simbolizaciones, prácticas, ceremonias, asignaciones de sentido. Las culturas mediáticas y digitales están conformadas por textos, artefactos, flujos, que generan un mundo simbólico propio, que expresan sensibilidades o que proponen nuevas estéticas.

Nada tan volátil simbólicamente como las culturas mediáticas y las características del nuevo lenguaje digital que se conectan muy activamente con los jóvenes y los niños que ven en ellos cercanías, convergencias, imaginarios comunes que los interpretan y los interpelan generacionalmente. Y conectan especialmente con sus proyectos de futuro. De ahí porque hoy se cuestionan aquellas relaciones entre comunicación y educación en que la segunda hace funcional a la primera, o esas comprensiones que desvalorizan la riqueza, el potencial valórico y las posibilidades de encuentro que entretejen estos nuevos territorios culturales abierto por los medios.